El desprecio por lo propio y la preferencia por lo ajeno

 

 

Dicho epónimo deriva del apellido de Nicolás Chauvin, quien fue un soldado de Napoleón «famoso por haber recibido diecisiete heridas y haber sufrido la amputación de tres dedos, así como una horrible mutilación en la frente», y pese a todo mantenía su fe en su emperador. Una de las filósofas más influyentes del siglo XX –Hannah Arendt– incluía dentro de su acepción, la devoción fanática y la parcialidad indebida hacia cualquier grupo o causa a la que uno pertenece, especialmente cuando dicho partidismo incluye prejuicios u hostilidad hacia los forasteros o grupos rivales y persiste incluso frente a una oposición abrumadora.

Sentado lo cual, nos referimos en este caso a todo lo contrario, a despreciar lo propio y preferir lo ajeno, alabando sus bondades.

En Aragón, como en otras regiones de España, existe ese fenómeno que podríamos describir como una forma de chovinismo inverso, caracterizado por una curiosa tendencia a subestimar o incluso despreciar lo propio en favor de lo que viene de fuera. Este comportamiento ha sido motivo de debate entre sociólogos, historiadores y ciudadanos aragoneses, ya que plantea una cuestión sobre la identidad regional y el valor de la cultura local frente a influencias externas.

En ese punto, resulta altamente ilustrativa la anécdota que refiere siempre nuestro escritor Luis Alegre –«Flojico, flojico»– y que a su vez le había contado el malogrado cantautor Labordeta refiriéndola a Buñuel –aunque al parecer el protagonista era Forqué–: «el cineasta acababa de estrenar una de sus obras maestras y el mundo se había rendido a su inmenso talento. Un día vino a Zaragoza a ver a su madre. Vivía en el Paseo de la Independencia 29, en el mismo edificio de HERALDO. Entonces, al lado de esa casa, Buñuel –Forqué– se encontró con un antiguo compañero de los jesuitas, al que hacía siglos que no veía. Su amigo le saludó, eufórico: ‘¡Hombre Luis, qué alegría verte¡ ¿Pero qué haces por aquí?. Oye, que me he enterado de lo de tu película. Ya la he visto: mu flojica ¿eh?’

Y eso, cuando históricamente, Aragón ha sido una tierra rica en tradiciones, cultura y patrimonio. Sin embargo, una parte de su población parece haber desarrollado una actitud que privilegia productos, ideas y símbolos que provienen de otras regiones o países, en detrimento de nuestra propia herencia cultural. Esto se manifiesta en diversos ámbitos, incluida la gastronomía.

Es común observar cómo productos que llegan desde Madrid, Cataluña o incluso de fuera de España reciben más atención y reconocimiento que aquellos con origen en Aragón. Este fenómeno no solo refleja un problema de autoestima, sino también una falta de valoración de lo que la región tiene para ofrecer.
Sin embargo, esta tendencia no es irreversible. En los últimos años, han surgido movimientos de revalorización de lo local. Desde productos agroalimentarios hasta festivales de cine, pasando por la revitalización de la lengua aragonesa, estos movimientos buscan recordar a los aragoneses que lo suyo no solo es valioso, sino digno de ser promovido tanto dentro como fuera de la región.

En resumen, el chovinismo inverso en Aragón refleja una paradoja cultural en la que, a pesar de contar con un patrimonio valioso, muchos aragoneses prefieren lo ajeno. El reto está en fomentar una mayor apreciación de lo propio, fortalecer la identidad regional y promover el talento y los recursos locales sin necesidad de subordinarse a influencias externas.

Como decía Baltasar Gracián: «Nunca hablar de sí. O se ha de alabar que es desmerecimiento o se ha de vituperar que es poquedad».

En cualquier caso, en Aragón poseemos una gastronomía deliciosa y de gran variedad, gracias a la diversidad de productos que encontramos en las diferentes provincias, dando como resultado una gran variedad de platos tradicionales que a más de uno hacen la boca agua. Además, la privilegiada ubicación en la que se encuentra nuestra comunidad ha permitido la fusión culinaria de sabores procedentes de la cocina del norte y del Mediterráneo. Esto, unido a la tradición agrícola y ganadera, ha dado como resultado que uno de los mayores atractivos de nuestra comunidad sea el turismo gastronómico.