
Cristina Mallor y Angelines,, trabajando en el banco.
El Banco de Germoplasma Hortícola de Zaragoza (BGHZ) fue creado en 1981 y, desde sus inicios, M.ª Ángeles Vela (Angelines) ha sido una pieza clave en su funcionamiento. Sus conocimientos en contabilidad y administración han sido esenciales para la organización y gestión del banco, pero, más allá de su labor técnica, su dedicación, tenacidad e incansable compromiso han dejado una huella imborrable.
El equipo histórico del banco
El investigador y mejorador genético de especies hortícolas José María Álvarez fundó el banco en 1981, coordinando sus actividades hasta 1983. Le sucedió Miguel Carravedo, quien lo dirigió durante casi 30 años, hasta su jubilación en 2012. Durante su gestión, llevó a cabo la prospección de la mayor parte de la colección y la multiplicación y caracterización de más de 4.500 muestras.
Desde los inicios, al frente del equipo de campo estuvo Jesús Pallarés, responsable del cultivo de miles de plantas de multitud de especies en las parcelas para la obtención de semillas. Además, participó activamente en actividades de prospección, contribuyendo al rescate de variedades tradicionales. Su labor se extendió hasta su jubilación en 2022.
En el laboratorio, M.ª Ángeles Vela ha desempeñado un papel crucial al registrar meticulosamente toda la información generada en una base de datos que ella misma diseñó. Gracias a su trabajo, cada una de las 18.263 muestras conservadas en el banco cuenta con un historial detallado desde su incorporación a la colección. Pero su labor ha ido mucho más allá dela documentación, Angelines ha participado activamente en la atención de peticiones, la extracción y conservación de semillas, y la descripción de muestras tanto en el campo como en el laboratorio. A lo largo de los años, ha recogido millones de datos y miles de fotografías, dejando testimonio de la extraordinaria riqueza genética custodiada en el banco.
El final de una etapa y un legado imborrable
Con la jubilación de Angelines, se cierra una etapa en la historia del BGHZ. Era la última integrante en activo de aquel equipo pionero que sentó las bases de la conservación de variedades hortícolas en Aragón. Sin embargo, su legado, al igual que el de sus compañeros, perdurará en cada semilla preservada.
Gracias a su esfuerzo y al de todos los que han formado parte del banco, miles de variedades locales han sido rescatadas del olvido y protegidas para las generaciones futuras.
Ojalá que los que vengan después sepan valorar este gran patrimonio genético que se custodia en las cámaras de congelación del banco. Sin el empeño de las personas que han dedicado su vida profesional a su conservación, muchas de estas variedades se habrían perdido para siempre.
Los que nos quedamos echaremos mucho de menos a Angelines. Su marcha supone una gran pérdida en términos de capital humano, pero, sin duda, tras tantos años de entrega, se ha ganado un merecido descanso.